Solapita

Lo conocí emergiendo de un azul que era suyo. Ya antes había conversado con sus niñas gris metal, que dejaron en mi memoria un rastro de ternura rosa, Supe de inmediato que sería mi amigo… y así fue. Poeta por testarudez, nunca ha permitido que el mundo del “marketing” encasille su sensibilidad poética: en los días lluviosos René reincide y vuelve cada vez al poema.

Todos los que lo han visto inmutable frente a un aire acondicionado se imaginan que nació en Constanza, pero pocos saben que las primeras manos que recogieron su recuerdo fueron las de Mamá Vira.

No sé en qué momento notó la presencia del mar, pero sé que su edad permitió que los héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo lo marcaron con su historia. Es tímido y a veces usa un saco que termina molestándolo. También sé que es dueño de tres duendes que siempre lo habitan. Jairo, Piero y Ruy, y además de una sonrisa tan hermosa que a menudo después de decir algo no sabemos lo que fue.

Si quiere usted ser su amigo sólo tiene que hacerse cómplice en su azul y mandar una carta a esa región de la esperanza donde, a pesar del siglo, aún sobreviven personas tan tiernas como René.

MARTHA RIVERA, 1986.