El Solo Límite De La Belleza

Palabras como hebras bordando añoranzas, como cachorros que buscan a la madre que da vueltas, como higos que maduran en el tiempo justo. Los poemas de Apunte a lápiz de René Rodríguez Soriano me traen estas asociaciones.

El autor escribe de una manera que acerca al lector la certeza de que todo lo que dice existe o ha existido. Sin embargo, sus poemas van más allá de las palabras, quizá porque recurre a la música que pone en ellas y le da un destino claro y final a su pensamiento

…sé que una tarde azul vendrá de algún lugar
y me veré en el verde de sus ojos,
y aprenderé a pintar y a descifrar
los trazos que los patos van fraguando en la laguna.

En este poemario Rodríguez Soriano transita el regreso al viejo refugio

Brasa
abrazada a mi recuerdo, ardiendo
leña, piedra y humo.
Fragua nutricia
en la que las manos de mamá
cocían los días con la avena y el arroz.
Fuego al que vuelvo cada tarde
a reencontrarme con los míos
y camina este regreso sabiendo que el amor a la vida reclama un contrapunto entre la ternura y el humor. Solamente de esa manera puede retratar como lo hace a sus personajes evocados:
Chago habla tanto
como come y calla su mujer…

o

¿Quién me iba a decir entonces que aquel
de bigotito a lo Marco Antonio Muñiz,
sin afinar ni un si ni un la ni un sol si re fa la…

Hay, sin duda, frescura y originalidad en las imágenes.

Rodríguez Soriano nos ofrece una poesía entrañable, con sello de identidad, en la que el autor se recorre y recorre su memoria con el solo límite de la belleza.

Es en verdad una placentera y enriquecedora experiencia encontrarse con la sencillez y la magia que nos esperan en cada línea de este poemario, en el que la celebración y el duelo, los rojos y los grises se alternan sabiamente y nos hacen sentir que es posible un pacto, un acuerdo sereno entre lo vivido y el momento presente.

Leer Apunte a lápiz es participar de un gozoso recorrido. Todo un privilegio.

Pilar Romano. mediaIsla 1022, 13 de noviembre 2007.

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